MEMORIA DEL CIRCO ROMANO

Gracias a la reciente excavación del circo romano de Toledo, de un tamaño similar al de Mérida, pero con menor aforo, pude participar el los trabajos llevados a cabo por un equipo arqueológico en 2012, en el trascurso de los mismos el hallazgo de una moneda romana del siglo IV cerca de las cárceres del circo donde estaban los establos para los caballos, a más de un metro de profundidad sobre el suelo actual, demuestra su utilización hasta época tardía, allí mismo se hallaron los restos de lo que parecía ser un circo más antiguo. La estructura de piedra sostenía otra de madera para incrementar el aforo que podía llegar a los 20.000 espectadores. El hecho de que ninguna de las tumbas  que excavamos corresponda a la época visigoda demuestra que probablemente también fue utilizado en época visigoda antes de ser convertido en cementerio. En sí mismo es una muestra de la profunda romanización llevada a cabo en la península ibérica, o proceso de asimilación o “aculturación”, término procedente de la antropología. La investigación histórica se refiere tradicionalmente a un complejo intercambio recíproco en el que se entremezclan elementos étnicos, sociales, económicos, políticos y religiosos. La difusión de la lengua, la cultura, el derecho, el comercio, la infraestructura viaria y urbana y la municipalización fueron posibles gracias a la notable distensión que experimentaron las relaciones hispanorromanas, después de la conquista romana, adquiriendo un marcado carácter civil. El efecto de la presencia romana en Hispania fue la paulatina extinción de las rencillas tribales en el marco de la Pax Romana, el período de paz y prosperidad interior más prolongado que ha conocido la historia de la humanidad (más de dos siglos), y propició la adopción de los modos de vida romanos, las élites hispanas adoptaban estos modos como símbolo de modernidad a través de los cuales lograban incrementar su prestigio social e incluso sufragaban obras públicas o espectáculos para complacer a la plebe. Los juegos circenses eran los más populares, la ciudad  aglutinaba a los habitantes de los alrededores en torno a este espectáculo competitivo, “pan y circo” para contentar al pueblo, agrupados en facciones o equipos con sus colores distintivos, sus seguidores vibraban mientras los carros corrían en torno a la sipina, a su alrededor se generaba una actividad auxiliar como la cría y doma de caballos que suponía una de las principales riquezas agropecuarias de Hispania dedicadas a la exportación. El desarrollo económico de Hispania también se refleja en ciudades como Segóbriga, especialmente activa durante el Alto Imperio gracias a la producción de piedra especular “lapis specularis”, yeso cristalizado y transparente para ventanas y suelos que continuó durante la época visigoda, y dotada de un teatro y un anfiteatro como consecuencia de la creciente importancia de la vida urbana. En la época en que visité la antigua ciudad romana no se había excavado en su mayor parte, ni existía el centro de interpretación, hoy día, además del foro, se puede visitar la Curia, las Termas, e incluso una Basílica y la Acrópolis, una Pompeya hispana cuyos restos todavía asoman bajo la tierra, lo que delata el gran trabajo arqueológico realizado y aún por descubrir. Hispania comenzó a percibirse a sí mima como una prolongación de Roma, estos sentimientos de pertenencia a una entidad y a una cultura grecolatina comunes permitieron por primera vez en su historia sentirse parte de una amplia comunidad política y territorial.
      
Gracias a Roma la primitiva ciudad celtíbera tuvo templos, termas, puentes, un circo e incluso un magnífico acueducto que trasportaba agua desde la presa de Alcantarilla en Mazarambroz y salvaba un salto sobre el Tajo de 530 metros de largo por 70 de alto para llevar así el agua hasta la parte alta de la ciudad, cerca de la explanada del Alcázar, edificio emblemático que se asienta sobre los cimientos de una fortificación típica romana, con torres en sus cuatro esquinas unidas por gruesos y altos muros. Del acueducto aún pueden contemplarse el arranque de los pilares y restos de la primera arcada de hormigón sobre el río, tres en el primer nivel con una luz de 28 o 30 metros cada arco, unas dimensiones que superan la altura del cercano puente de de Alcántara, también de origen romano. La duda está en si había más niveles superpuestos o se trataba de un acueducto de sifón. La primera hipótesis parece ya descartada debido a que los romanos no construían acueductos superiores a los 50 metros, sin embargo tampoco se han encontrado restos del mecanismo del sifón que elevaba el agua, aparte de que sería el primero de estas dimensiones encontrado en la península. Lo que si sabemos es que el agua se almacenaba en cisternas de forma estratégica desde donde se distribuía a toda la población. Uno de éstos depósitos (castellum aquae) es la denominada "Cueva de Hércules" situada en la calle San Ginés, en la actualidad pueden verse las piedras retiradas en anteriores excavaciones que buscan ingenuamente el tesoro de los visigodos. Los intentos de fechar este conjunto hidráulico formado por la presa, el acueducto y los depósitos finales lo sitúan entre los siglos I y II d. C. y por el aspecto que presentan los cimientos sobre el Tajo parece que fue una riada, que elevó el caudal al menos tres metros por encima de su cauce actual, lo que acabó con esta obra magnífica deteriorada por cientos de años de uso continuado. Del acueducto también se abastecieron unas termas romanas cuyos restos pueden visitarse en la calle Amador de los Ríos.Las casas corrientes eran similares a las ínsulas del resto de Imperio que eran edificios de varios pisos de alquiler donde vivía gran parte de la población. Aún pueden observarse los restos de la planta baja en la calle Cervantes con sus arcos de piedra donde solían situarse las tiendas      Todos los edificios romanos fueron expoliados a lo largo de los siglos debido a los buenos materiales que proporcionaban para la construcción de otros nuevos. Nada fue respetado y ese es el motivo de que existan tan escasos testimonios de esta época por lo que resulta difícil hacerse una idea aproximada de la apariencia de esta ciudad romana de Toletum aparte de lo ya mencionado, pero seguramente no tenía nada que envidiar a la actual como demuestra el hecho de que los visigodos la hicieran capital de su reino de Hispania. Esta Memoria está basada principalmente en una conferencia sobre el acueducto romano realizada en la Biblioteca del Alcázar y dos visitas guiadas sobre el Toledo romano así como observaciones hechas sobre el terreno.

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