Tema 1: La Revolución Rusa (1917-1924)

1.1. La Rusia de los zares. Situación económica y social.

       Las estructuras de la Rusia de los zares a comienzos del siglo XX ofrecían un marco muy distinto al de la Europa occidental. Se trataba de un estado sujeto a una fuerte dosis de inmovilismo político, incapaz de resolver las múltiples tensiones y las nuevas demandas generadas por el crecimiento industrial y por las transformaciones sociales que se derivaban del mismo. El sistema dominado por el absolutismo zarista, una burocracia, una nobleza terrateniente y una Iglesia ortodoxa garantizaban al zar la lealtad de unos súbditos incultos y supersticiosos. Esto derivaba en la consiguiente falta de libertades impedían el desarrollo normal de la vida política y frenaban la modernización del país. Con la llegada al trono de Nicolás II no hubo cambios circunstanciales.

            En lo político se reproduce la misma línea de actuación que en la etapa anterior, mientras que en el plano económico Rusia se inscribe en un proceso acelerado de revolución industrial. Los primeros embriones de industrialización se localizan en los alrededores de San Petersburgo y en la costa báltica, potenciados por la abolición de la servidumbre en 1861. Los excedentes obtenidos de la exportación de cereales, la emisión de deuda pública interior y la contratación de empréstitos en el exterior son las bases financieras que posibilitan los nuevos rumbos industrializadores. La construcción de nuevas líneas férreas, destacando el Transiberiano, abre nuevos espacios económicos y permite la colonización de tierras, descongestionando el poblado agro-ruso, asegura mercados y por lo tanto la consolidación de una industria pesada que explota los ricos yacimientos de hierro, carbón y petróleo de los Urales y Ucrania. El camino económico seguido es el de un país atrasado: los índices de crecimiento industrial son rápidos, que descansan en sectores con fuerte intensidad tecnológica y capitalista, una concentración impresionante de mano de obra asalariada en enormes empresas carterizadas, la afirmación de un Estado regulador de la economía, que sustituye las iniciativas insuficientes del mercado. Destaca la fuerte dependencia del extranjero, que provee de fondos y tecnologías elaboradas.

            Socialmente, Rusia era una mezcla de desarrollo y atraso. La diferencia entre la pequeña minoría, dueña de grandes fortunas (terratenientes, industriales, aristócratas, grandes comerciantes), y la mayoría de campesinos y obreros industriales, que vivían en condiciones miserables, era radical. Uno de los grandes problemas sociales, era la falta de una clase media, una burguesía fuerte, muy numerosa ya en Europa occidental, que hubiese podido modernizar el país y atenuar las desigualdades. La servidumbre en el campo, había sido suprimida muy tarde: en el año 1861. Pero a comienzos del siglo XX, la mayoría de las zonas rurales seguían estando muy atrasadas y su población seguía viviendo en la miseria. Gran parte de la tierra estaba en manos de unos pocos propietarios: la aristocracia, la monarquía, la Iglesia ortodoxa y los grandes propietarios.  Y una serie de reformas, aplicadas entre 1906 y 1910, para modernizar la agricultura solo favorecieron a los campesinos ricos, denominados kulaks.

            Rusia seguía siendo una gran potencia europea, y al mismo tiempo, uno de los países más atrasados del continente. Estas  contradicciones motivaron el nacimiento de una oposición política al zarismo, que se manifestó en el estallido revolucionario de 1905, antecedente de la gran revolución de 1917, que pondría fin al imperio zarista. La quiebra del Imperio Ruso, acaecida entre 1900 y 1917, fue un proceso similar al de un gigante cuyos pies barro se van deshaciendo, poco a poco, y acaba por derrumbarse estrepitosamente.

2.2. La revolución de 1905 como precedente. ¿Revolución burguesa?

         A principios del siglo XX, la Rusia de los zares era un Estado sujeto a un total inmovilismo, dominado por la burocracia, la nobleza terrateniente y la Iglesia ortodoxa, que garantizaban al zar la lealtad de unos súbditos incultos y supersticiosos, sobre todo en las zonas rurales. Era un sistema político definido como una autocracia. Sin embargo, nuevas fuerzas sociales nacidas del crecimiento industrial empezaron a exigir transformaciones en todos los sentidos: una frágil burguesía plantaba la necesidad de un mayor control sobre las decisiones del Estado, es decir, el nacimiento de un sistema político representativo; los campesinos seguían descontentos por la falta de tierras, pero estaban desorganizados y no tenían partidos políticos propios; la industrialización incrementó el número de obreros fabriles entre los que surgieron las primeras organizaciones obreras de clase (en 1898 nació el Partido obrero Socialdemócrata Ruso, fraccionado posteriormente en mencheviques y bolcheviques).

            En este ambiente repleto de tensiones, la guerra ruso-japonesa de 1904-1905 complicó la situación. Con ella el zar pretendía reafirmar su poder, sin embargo los reverses sufridos por las tropas rusas produjeron el efecto contrario.

            La revolución de 1905 comenzó con un hecho emblemático: el domingo sangriento. El 22 de enero una manifestación de millares de obreros se dirigió al Palacio de Invierno, en San Petersburgo. El objetivo era elevar una petición al zar solicitando mejoras en las condiciones de vida, así como unos embrionarios cambios políticos. El ejército disolvió violentamente la manifestación, con un elevado coste en vidas humanas. A partir de este momento huelgas, motines y levantamientos se extendieron por todo el imperio, afectando incluso a la base del ejército, como fue el caso del motín del acorazado Potemkin. La revolución de 1905 presentó dos fases sucesivas claramente diferenciadas. Hasta finales de octubre funcionó la alianza implícita entre los sectores burgueses liberales y el incipiente movimiento obrero. El 30 de octubre el zar otorgó concesiones reformistas, intentando frenar el movimiento revolucionario: la instauración de un sufragio universal masculino, el reconocimiento de algunas libertades cívicas y la elección de una cámara representativa, la Duma. Desde el mes de octubre el protagonismo revolucionario pasó al movimiento obrero, que experimentó con una célula organizativa de vital importancia en la historia posterior de Rusia: el soviet, es decir, el consejo de obreros y soldados. Se sucedieron las huelgas obreras, finalmente aplacadas en el mes de diciembre.

            La revolución de 1905 sirvió de enseñanza y reflexión para el movimiento obrero, sobre todo para los bolcheviques. Se hizo hincapié en la retirada de la burguesía liberal una vez conseguidas las reformas propuestas. Igualmente se reflexionó sobre la actitud del ejército, compuesto mayoritariamente por campesinos, que permaneció fiel al zar, haciendo la salvedad de algunos motines. Por último, los bolcheviques centraron su análisis en la falta de unidad de acción del movimiento obrero, dividido entre mencheviques, bolcheviques, socialistas revolucionarios y una mayoría aun no organizada en partidos. De todo este conjunto Lenin obtuvo una conclusión: solamente el proletariado podría transformar una revolución burguesa en revolución socialista. Fue la primera conceptualización de la dictadura del proletariado.

2.3. La revolución de 1917. Los hechos. Febrero. Octubre.

            A partir de 1906, hay tres caminos posibles: reforzar la monarquía constitucional, afirmar un conservadurismo autoritario o, finalmente, la revolución.

            Desde 1906 y la elección de la primera Duma, el Estado de derecho va avanzando. El zar Nicolás II conserva el poder autocrático supremo, al que todos deben obedecer en conciencia como ordena el mismo Dios. Sus poderes aumentan en caso de circunstancias extraordinarias. Los diputados de la Duma del Imperio son elegidos por sufragio indirecto, y cuentan con libertad de palabra, tienen derecho a dirigirse a los ministros responsables ante el zar. El parlamento tiene la iniciativa de las leyes que tienen que ser aprobadas por el zar, y controlan la mitad de los gastos presupuestarios. Las Dumas se suceden, siendo disueltas por el zar, que nunca acepta las leyes fundamentales. La vía monárquica constitucional ha fracasado.

            El camino del conservadurismo autoritario también es un fracaso: para obtener resultados, implica una verdadera política de reformas sociales favorable a las masas obreras y, evidentemente apoyarse en los partidos legalistas en el seno de la Duma. Sólo queda la última vía: la revolución.

            A lo largo de 1917 la historia se aceleró vertiginosamente. Se sucedieron la caída del régimen zarista, el intento frustrado de constituir una republica reformista, los ensayos contrarrevolucionarios para reinstaurar el viejo orden y, finalmente, los sucesos revolucionarios de octubre.

            En un ambiente de desintegración, la manifestación del 23 de febrero en Petrogrado en demanda de paz y pan fue el punto de partida. La huelga general del 25 de febrero puso de manifiesto la presencia del movimiento obrero. El 26, los síntomas de rebeldía se extendieron a los cuarteles. Al día siguiente se constituyó un gobierno provisional encabezado por Luov, con Kerenski como ministro de Guerra. Al mismo tiempo los obreros y los soldados creaban sus propias células de poder, a imitación de 1905: los soviets. Poco después abdicó el zar Nicolás II. En la revolución de 1917 se presentaban dos fórmulas alternativas al zarismo, de contenido sociológico y político diferentes: el gobierno provisional representaba a los sectores de la burguesía liberal, cuyo objetivo político era el establecimiento de una república parlamentaria de corte occidental; en esta línea se movió un sector del movimiento obrero, sobre todo los mencheviques; el otro poder emergente, los soviets, vislumbraba de forma poco definida una solución política de tipo revolucionario, y sus protagonistas fueron los bolcheviques, o más bien un sector de ellos liderado por Lenin.

            En sus Tesis de abril, Lenin planteo que el objetivo último bolchevique era la revolución socialista, que tendría dos premisas fundamentales de actuación: el rechazo a la guerra y el reparto de tierras para forzar la alianza obrero-campesina, y como práctica política, la negativa a cualquier colaboración con el gobierno provisional y con la Duma. Lenin fue el teórico y el organizador de la revolución.

            Durante 1917 la evolución política rusa estuvo siempre mediatizada por la guerra. La actitud continuista del gobierno provisional y de los grupos políticos que lo sustentaban, se extendió a las filas bolcheviques, en cuyo seno el sector denominado blando no mantenía las posturas tajantes de Lenin para acabar con la guerra. Asimismo endureció los sectores políticos más conservadores, que mantenían un discurso nacionalista y eran partidarios de la continuación de la guerra a toda costa. Con ello pretendían mantener la estructura del ejército, que podía ser utilizado para eliminar la creciente influencia de los bolcheviques y volver al viejo orden.

            El gobierno provisional deseaba respetar los compromisos bélicos con los aliados. Las ofensivas del verano provocaron la insurrección popular del 3 de julio en Petrogrado, encabezada por los bolcheviques. Tras el fracaso Lenin se exilió. Las derrotas militares plantearon el enfrentamiento entre el gobierno provisional de Kerenski y el núcleo de la oficialidad conservadora de Kornilov. Esta confrontación volvió a situar a los bolcheviques a la cabeza del proceso revolucionario. El 7 de septiembre, Kornilov intentó un golpe de Estado con las tropas retiradas del frente, pero la doble respuesta del gobierno provisional y de los sóviets acabó con ello, pero la iniciativa quedó en manos de estos últimos.

            Lenin preparó desde principios de octubre el asalto final. El 9 de octubre el Comité Central bolchevique, por diez votos contra dos, se pronuncio a favor de la insurrección armada. El 15 se formó el Comité Revolucionario en Petrogrado liderado con Trotski a la cabeza. La chispa definitiva estalló cuando Kerenski decidió enviar al frente a nuevos regimientos acantonados en la ciudad. Por fin la insurrección se puso en marcha en 24 de octubre, perfectamente planificada, con la ocupación de los puntos neurálgicos de la ciudad. En la madrugada del día siguiente culminó el asalto al poder con la toma del palacio de Invierno y la huída precipitada de Kerenski. La revolución acababa de conquistar Petrogrado, pero hasta el 2 de noviembre los soviets no se hicieron con el control definitivo de Moscú. En los mese siguientes la revolución se propagó por los principales centros urbanos de la Rusia europea, pero extensos territorios siguieron bajo el poder de las antiguas autoridades. Fueron los prolegómenos de la guerra civil.

2.4. Los soviets y el bolchevismo

            El día 26 de octubre quedó constituido el primer gobierno de Comisarios del Pueblo. Presidido por Lenin, contaba entre sus personalidades a Trotski (Asuntos Exteriores), Rikov (Interior), Lunatcharski (Educación) y Stalin (Nacionalidades). La acción de este gobierno se dirigió hacia tres frentes: el problema de la tierra, la firma de la paz y el monopolio del poder político.

            En su primer decreto el nuevo gobierno repartió las tierras a los campesinos pobres, sin dar ninguna indemnización a los terratenientes. Fue una medida tendente a la satisfacción de la secular reivindicación de los campesinos hambrientos de tierras, y que también pretendía ensanchar las bases sociales del nuevo régimen. Un año después la vorágine de la guerra civil, el acaparamiento por parte de los campesinos el desabastecimiento de las ciudades y la desarticulación económica obligaron a una política de requisas, justificada en términos ideológicos por los decretos que instauraban la propiedad socialista en el campo.

            La retirada de Rusia de la Guerra Mundial se saldó con el tratado de Brest-Litovsk, firmado con Alemania el 3 de marzo de 1918. Se había impuesto la propuesta de Lenin, no compartida por otros dirigentes bolcheviques. Por este tratado Rusia perdía regiones de enorme importancia económica, pero Lenin pensaba que cualquier paz, por gravosa que fuera era imprescindible para la supervivencia de la revolución. Sin embargo, las potencias aliadas encontraron el argumento para su posterior intervención en la guerra civil.

            En el plano político la dinámica leninista en los primeros meses estuvo dirigida a asegurar el poder bolchevique. Eliminados los partidos burgueses, las tensiones se circunscribieron a los tres partidos presentes en los soviets: bolcheviques, socialrevolucionarios y mencheviques.

            Las elecciones para la Asamblea Constituyente del 25 de noviembre dejaron a los bolcheviques en minoría, mientras que los mencheviques obtuvieron la mayoría. Por ello el 6 de enero de 1918 el gobierno disolvió la Asamblea. También se sucedieron las confrontaciones en el seno de los soviets hasta que la hegemonía bolchevique se hizo realidad. A lo largo de la primavera el viejo lema “todo el poder para los soviets” se convirtió en “todo el poder para el Partido Comunista”, nueva y definitiva denominación que tomaron los bolcheviques. Desaparecieron de la escena política los mencheviques, los socialrevolucionarios  y los pequeños núcleos anarquistas. En julio de 1918 Rusia adoptó una Constitución que definió al país como República Federal Socialista y Soviética Rusa, bajo el régimen de la dictadura del proletariado.

2.5. La guerra civil y la Nueva Política Económica

            A principios de 1918 la revolución solo había triunfado en los principales centros industriales y urbanos. La guerra civil emprendida entre revolucionarios y contrarrevolucionarios se desarrolló a partir de la primavera de 1918 en un complejo contexto. El enfrentamiento polarizó a Rusia entre un bando bien definido y organizado, los bolcheviques, y una contrarrevolución dividida, donde se entremezclaron partidarios del zarismo, defensores del régimen de febrero y disidentes de octubre. Las tropas contrarrevolucionarias conocidas como Ejército Blanco, contaron con la colaboración de tropas inglesas, francesas, norteamericanas y japonesas. Los bolcheviques establecieron una estrategia basada en el incremento de la centralización política, el comunismo de guerra, y la creación del Ejército Rojo organizado por Trotski. La intervención extranjera motivada por el peligro del contagio revolucionario terminó en 1919. A partir de este momento el Ejército Rojo tomó la iniciativa. En otoño de 1920 quedó finalmente resuelta la guerra ruso-polaca y los últimos restos del Ejército Blanco embarcaron en Crimea.

            El comunismo de guerra, la supresión de toda disidencia fuera del partido, la intervención de las potencias y el fracaso de la revolución en Europa trastocaron el desarrollo gradual de la revolución. Lenin nunca había dudado de la hegemonía bolchevique en el proceso revolucionario, pero había contemplado la colaboración con los socialrevolucionarios por su implantación en el campo, donde los bolcheviques tenían muy poca incidencia. En el plano económico el comunismo de guerra fue una salida radical exigida por las circunstancias, ya que por el contrario, Lenin era partidario de una revolución con el concurso de capitales y tecnología procedente del exterior.

            La guerra civil complico también el problema de las nacionalidades. El antiguo imperio zarista era un conjunto territorial formado por un mosaico de lenguas, culturas y religiones, siempre sometido a una violenta política de rusificación. Desde la primavera de 1918 el Estado soviético adoptó una estructura federal, por la que se constituyó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URRS). Esta estructura federal contemplaba el autogobierno de las repúblicas. El respeto a las nacionalidades decayó en época de Stalin, conforme se acentuaban los procesos centralización política. Stalin retomó las prácticas de rusificación del zarismo.

            Lenin pensó que la Revolución Rusa era el primer episodio de una revolución a escala mundial. El internacionalismo leninista se concretó en marzo de 1919 en la fundación de la Tercera Internacional. Así el movimiento obrero mundial se dividió en dos grandes tendencias: la socialdemocracia y el comunismo. En todo caso la Revolución Rusa estuvo aislada en su lucha frente a la contrarrevolución y la intervención extranjera.

            Superada la guerra civil y asegurado el poder comunista, la revolución pretendió retomar sus orígenes, al menos en el plano económico. Desde 1921 hasta 1928 se abrió el periodo más creativo de la Revolución Rusa, durante el cual se intentaron conciliar opciones opuestas.

            En 1921 el X Congreso del Partido Comunista impuso la sustitución del comunismo de guerra. Los costes de la guerra civil revelaban unos índices económicos angustiosos. La Nueva Política Económica (NEP) desarrolló un sistema mixto en el que convergían elementos capitalistas y socialistas. Se permitió la propiedad privada campesina, se incorporaron los mecanismos de mercado, se reconstruyó la circulación monetaria para superar la hiperinflación y se corrigieron las previsiones industriales. El modelo fue la pausa necesaria para el posterior desarrollo integral del socialismo. Se partió de la base de que era necesario un excedente campesino para permitir el crecimiento económico y el abastecimiento a las ciudades. La revolución quería conquistar nuevamente al campesinado.

            En el plano industrial se asistió a un doble proceso durante la NEP: la desnacionalización de las pequeñas unidades de producción y la incorporación de cierta dosis de autogestión administrativa en la gran industria, que siguió en manos del Estado. En 1926 la economía soviética había recuperado los niveles de 1913, sobre todo en el sector agrario. Sin embargo, las tensiones también se acumularon. El campo tendió a polarizarse entre una capa de campesinos acomodados (kulags), y el aumento de los campesinos sin tierra. Además la diferencia entre precios agrarios y precios industriales volvió a originar problemas de acaparamiento y dificultades de abastecimiento a las ciudades. Un sector del partido Comunista (Stalin entre ellos) entendió la NEP como una lenta pero evidente reconstrucción del capitalismo.

            El nuevo ambiente generado en época de la NEP alimentó el debate cultural en torno a los cauces por los que debía transcurrir el arte proletario. La mayoría de los intelectuales, aunque procedían de familias burguesas, colaboraron con la revolución atraídos por la idea de la construcción de una nueva sociedad y de una revolución cultural. Aunque de forma minoritaria, el mundo cultural ruso anterior a la revolución ya estaba en la senda de las vanguardias, atraído por París. El debate se cerró violentamente en los primeros tiempos de Stalin, cuando el arte de vanguardia fue definido como contrarrevolucionario por el Partido Comunista. El realismo socialista se convirtió en la doctrina y la práctica oficial.

2.6. Valoración y significado histórico

            Constituye, junto a la revolución francesa y la revolución Industrial, la trilogía revolucionaria más influyente de la época contemporánea. Unida a la Segunda Guerra Mundial es el hecho más decisivo del siglo XX.  Sirvió, tras la Primera Guerra Mundial, de respuesta y alternativa a la crisis del capitalismo y el liberalismo, porque -por vez primera- se ponían en práctica los principios y esquemas del socialismo como fundamento de un Estado. Se mantiene como modelo y ejemplo a seguir para algunos países y determinados sectores políticos, cada vez más minoritarios desde la disolución de la URSS. Se puede decir que la naturaleza histórica de la Revolución Rusa, es percibida y caracterizada como la conclusión de las revoluciones burguesas democráticas que comenzaron en Francia en 1789, y que continuaron después en Europa en 1848.