La máscara funeraria de Tutankamón


Cuando Howard Carter descubrió la máscara de oro macizo y piedras preciosas del faraón Tutankamón, en 1922, no apreció un extraño detalle en las orejas del rostro idealizado del antiguo monarca de Egipto: estaban perforadas, los agujeros de la efigie más famosa del mundo antiguo habían sido tapados con láminas de oro. Las suaves facciones femeninas que cubrían e inmortalizan el rosto del joven rey siempre se habían atribuido a su corta edad, un adolescente de 18 o 19 años, y a la estética feminoide del arte representativo relativo a la figura humana, pero no sólo las mujeres egipcias llevaban pendientes, su padre Akenatón también aparece en los grabados de piedra con los lóbulos perforados. la juventud era otro atributo de las representaciones artísticas de los faraones, dejando el realismo para la gente corriente, porque sirve para transmitir la idea de inmortalidad del alma, pues ésta no puede existir sin el cuerpo. El estatismo y la mirada al frente es otra característica de las esculturas que trasmiten la idea de eternidad frente al paso del tiempo, relacionada con la divinidad de Tutankamón, un rey muerto muy joven. A pesar de la barba postiza, el rostro femenino también pudo pertenecer originariamente a una mujer, ya que se aprecian las soldaduras. Todo parece indicar la precipitación por parte del visir Ay, encargado del entierro, para proclamarse él mismo como nuevo faraón.
Tutankamón significa la imagen viva del dios Amón, gobernante de la XVIII dinastía, (segundo mileño antes de Cristo), hijastro de Nefertiti, cuya cabeza también famosa es otro ejemplo de perfecta e idealizada simetría debido a las técnicas utilizadas. Los sucesores intentaron borrar la memoria de toda la familia, hasta tal punto que la tumba del soberano adolescente sigue siendo la única encontrada intacta, de forma irónica se convirtió en el faraón más conocido por la posteridad.