ALTAMIRA




EL DESCUBRIMIENTO de las pinturas rupestres de Altamira en la provincia de Santander se debió a Marcelino Sanz de Sautuola, éste visitó la cueva por primera vez en 1875. Tres años más tarde acudió a la Exposición Universal de Paris y allí conoció algunos objetos prehistóricos encontrados en cuevas del sur de Francia, donde se excavaba desde hacía años en busca de los más remotos tiempos de la humanidad. Sautuola, que tenía una amplia formación, volvió a Altamira con una perspectiva renovada, acompañado por su hija, María, la niña fue la primera en ver las famosas pinturas policromadas. En 1.880 publicó un pequeño folleto, atribuyendo las pinturas al periodo Paleolítico, entonces ya se diferenciaba entre Edad de Piedra, del Bronce y del Hierro, faltaba la del Cobre, Sautuola advirtió acertadamente que los restos excavados en la cueva de Altamira eran más rudimentarios que los del Neolítico, por lo que debían ser más antiguos. A pesar de su lúcido análisis, sus contemporáneos, desde diferentes perspectivas intelectuales, fueron incapaces de asumir su planteamiento. Sautuola expuso su tesis en la Universidad de Madrid, pero ésta no fue aceptada por los científicos más expertos en estudios prehistóricos de Europa, lo que, unido a la chufla por un lado y la envidia nacional por el otro, hizo que Altamira cayese en el olvido hasta que se descubrieron pinturas rupestres similares en otras cuevas del sur de Francia. Las pinturas de Altamira fueron el primer conjunto pictórico prehistórico de gran extensión conocido, pero la novedad del descubrimiento era tan sorprendente que provocó la desconfianza de los estudiosos. Se llegó a sugerir que el propio Sautuola las pintó, negando así su origen paleolítico. A principios del siglo XX el prehistoriador francés E. de Cartailhac, uno de los expertos más críticos con la tesis del santaderino, publicó Les cavernes ornées de dessins. La grotte d'Altamira, Espagne. Mea Culpa d'un sceptique, reconociendo su error. A partir de este momento, la cueva de Altamira adquirió reconocimiento universal, convirtiéndose en un icono por quienes querían conocer el origen del hombre.
LA DATACION por radiocarbono de piezas arqueológicas encontradas en la cueva de Altamira las situan en el período Magdaleniense a partir del 14530 y hasta el 11180 a.C. y en el Solutrense alrededor del 16590 a.C. El método del carbono 14 llevó a los investigadores a proponer para las pinturas policromadas de la gruta de Gran Sala de Altamira una datación enmarcada dentro del Magdaleniense (entre 15000 y 10000 a.C.),si bien las primeras representaciones son del Gravetiense (25.000 a 18.000 años) en este último caso hablamos también de simples dibujos o representaciones muy esquemáticas. No es posible separar la pintura del grabado y viceversa, en algunas ocasiones unidos en el mismo trabajo comparten el espacio.
LA ICONOGRAFÍA Y SIGNIFICADO de las representaciones rupestres de Altamira podrían ser religioso, ritos de fertilidad, magia simpática, ceremonias para propiciar la caza, simbología sexual, totemismo, o podría interpretarse como la batalla entre dos clanes, gran parte de las pinturas se encuentran en sitios de difícil acceso y por tanto de difícil exhibición que apuntan a un algún oculto significado tribal. En el caso de Altamira se encuentran pinturas, grabados y pinturas con grabados, de distintas estilos o épocas y de distintas calidades técnicas. En el techo de La Gran Sala se observa un grupo central de bisontes con algunos caballos rodeados por ciervos y jabalíes de significado antropomórfico según Leroi-Gourhan y considerada como la "Capilla Sixtina del arte cuaternario".
El sistema artístico de los europeos occidentales comienza hace más de 30.000 mil años y se mantuvo durante 20.000 años más hasta el final de la ultima glaciación, la evolución del lenguaje articulado fue clave para el inicio de la actividad artística y la capacidad de construir frases referidas a algo más que el momento presente, una versatilidad comunicativa de la que carecen el resto de los animales del planeta gracias al desarrollo y organización del cerebro, visible en los moldes internos de los cráneos conservados de los cro-magnones, una subespecie derivada de los antiguos homo sapiens a partir de una mutación genética sucedida hace unos 60.000 años atrás. Salvo raras excepciones al final del Paleolítico no se han encontrado pruebas de guerras prehistóricas antes del Neolítico, por lo que se supone que el Paleolítico Superior debió ser una sociedad estable y pacífica de cazadores-recolectores que vivían en cuevas y obtenían cuanto necesitan de la naturaleza sin necesidad de trabajar en exceso, formando grupos reducidos e itinerantes. Durante el periodo Magdaleniense se han encontrado también restos abundantes de campamentos al aire libre, fabricaban herramientas liticas, de madera, hueso o márfil, vestían pieles, navegaban por los mares y ríos, dominaban el fuego, realizaban enterramientos y rituales, cocinaban la comida, etc., en este periodo floreció el arte figurativo de las pinturas rupestres y pequeñas esculturas, pero eran los animales los que dominaban la Tierra. Aquellos pintores buscaban refugios naturales en plena vida salvaje, por lo que el dominio de las cuevas debió ser un factor importante en las zonas frías, más al norte sólo estaban los hielos perpetuos, por ello la mayoría de las pinturas se conservan en en las paredes de cuevas profundas de la región franco-cantábrica, representan frecuentemente caballos, bisontes, íbices, toros y vacas salvajes, ciervos, mamuts, renos, osos, leones. rinocerontes, peces, megaceros extinguidos y lechuzas, las figuras humanas son escasas y están peor representadas salvo algunas esculturas femeninas de arcilla, hueso o marfil, impresiones de manos en positivo y en negativo a veces con dedos ampuntados. La ubicación de las pinturas en el fondo de las cuevas, generalmente oscuras, de difícil acceso y los restos de lamparas de aceite encontradas, hace pensar en rituales de magia simpática para tener éxito en la caza, pero el descubrimiento de la cueva de Lascaux en Francia condujo a otras interpretaciones simbólicas como la oposición entre lo salvaje y lo doméstico o lo femenino y lo masculino, las flechas pintadas sobre animales de caza no serían propiamente flechas sino símbolos fálicos, ya que estos animales eran cazados por varones. Leroi-Gourhan identificó varios símbolos esquemáticos de órganos femeninos y masculinos del arte paleolítico europeo, mientras los relatos míticos de tribus de cazadores protagonizados por animales salvajes induce a creer en las interpretaciones antropomórficas, a veces la “fuerza” de un animal especial era adquirida o ingerida por algunos hombres capaces de realizar milagros como curar enfermos, provocar la lluvia, tener éxito, etc. En las pinturas de los bosquimanos realizadas hasta el siglo XIX aparecen figuras humanas con rasgos animales (teriantropos) similares a los paleolíticos. El hecho de que los chamanes de todos los continentes se disfrazasen de animales ha llevado a explicar el arte rupestre como representaciones realizadas por los primeros brujos o “sacerdotes” de la historia, asociados a estados alterados de conciencia y sustancias alucinógenas. En conclusión podemos decir que la magia simpática y los rituales de tipo chamánico combinados con simbología animal y sexual dieron origen a las religiones actuales y propiciaron las primeras manifestaciones del arte, aunque el concepto de arte por el arte, de manera primordial o aislada, como una necesidad de expresión es un concepto moderno y occidental, pero la mayor parte de lo que suponemos sobre estas sociedades humanas son resultado de extrapolaciones antropológicas de sociedades cazadoras más recientes, dando nombre a una nueva ciencia llamada etnoarqueología. Aparentemente el hombre antes del neolítico no conocía la monogamia ni el monoteísmo y sólo trabajaba dos o tres días a la semana.

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