La máquina de antiquitera fue recuperada a principios del siglo XX de un naufragio de una nave romana en el siglo I antes de Cristo y constituye un auténtico ordenador astronómico que obliga a replantearse el nivel técnico y astronómico alcanzado durante esta época, predice con una precisión extraordinaria no sólo las fases de la luna, sino los eclipses y los movimientos de los planetas.